Salieron al pasillo y se dirigieron al
ascensor con absoluto sigilo. Unas voces, surgidas de la nada, alertaron a Eric
y a Demetria. Fueron en dirección contraria, es decir, por donde habían venido
y echaron a correr sin hacer ruido. Aunque al final del camino, había una
enfermera, más bien una cirujana, para detenerles. Les recibió con los brazos
cruzados a la altura del pecho y con cara de pocos amigos. Demetria avanzó
hacia el obstáculo en el camino y la habló con voz inocente:
-Madison, ¿Qué tal? ¿Has terminado ya tu
turno?
-No me vengas con esas, Demetria, contestó
enfadada. Tengo a medio hospital buscándote. ¿Se puede saber dónde te habías
metido?
Ella le respondió con una simple sonrisa de
niña pequeña, que marcaba sus hoyuelos. Madison se dirigió ahora al cómplice:
-Y tú, ¿Qué diablos haces que no estás en la
cama? Tu médico ya tiene los resultados de tus pruebas. Vete a tu habitación que
te están esperando.
-Sí, señora, respondieron al unísono.
Las voces que antes escucharon, se acercaban
por el pasillo. Cuando les pusieron cara, descubrieron que eran dos internos,
uno el médico de Eric y otro que se pasaba de vez en cuando para ver la
evolución de Demetria.
-Vosotros dos, ya podíais estar menos de
cháchara y haberlos encontrado antes.
-Lo sentimos, señora.
-Anda, llevaos a estos dos a sus respectivas
habitaciones.
Les acompañaron, acatando las órdenes de la
doctora. Por el camino, los prisioneros tan solo rieron en voz baja ante la
tontería que acababan de hacer. Se separaron en la planta 2, pues las
habitaciones estaban separadas por un extenso pasillo: en puntos extremos. Sam,
el acompañante de la chica, la condujo hasta su cama y no se separó de ella
hasta que estuvo bien tapada por la sábana verde enfermiza de ésta.
-Sam.
-Dime.
-¿Qué le pasa a Eric? Y no me mientas.
-Su cara está repleta de tumores, de ahí el
color y el hinchazón.
-¿Y le van a operar?
-Es muy posible. Pero los padres tienen la
última palabra.
-¿Es arriesgado?
Hizo una pausa y respondió, con un aire
dramático:
-Mucho.
Tras la reveladora charla, Demetria decidió
tomar cartas en el asunto. Era una metomentodo, pero tan sólo era por buena
intención. Sam abandonó la habitación, tras ponerle claro la vía de suero, y
ella aprovechó la soledad para pensar en lo que le iba a decir a su nuevo
amigo. Pensaba en cómo convencerle, tanto a él como a sus padres, de que no se
operara. Se decantó por exponerle su experiencia personal y concluirla con “La
perfección no está al alcance de nadie”, “No hace falta ser guapo para ser
feliz” o simplemente “Naciste así, afróntalo porque por algo será” o incluso “Tienes
que tener un defecto de fábrica, porque sino serías perfecto”.
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